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¿Quién lidera las estrategias en Social Media?

Cadena de gente de papelAl parecer hoy 23 de enero es el día del Community Manager. Lo acabo de saber porque es uno de los Trending Topic de Twitter y hasta tiene su correspondiente hashtag: #CMDay.

Desconozco si otras profesiones tienen también su día: ¿existe el día de los químicos, o el de los abogados, o el de los médicos, o el de los responsables de marketing?  Quién sabe, a lo mejor también existe y tampoco me he enterado. No obstante, el que exista el día del Community Manager es una muestra más de la gran importancia que se le está dando a esta figura profesional nacida con las nuevas herramientas de Social Media.

Mucho se ha hablado del Community Manager. Una simple búsqueda en Google arroja millones de resultados, muchos más que de Paris Hilton, o que los Beatles o los Rolling Stones, como decía Mau Santambrosio en su entrada de hace un tiempo “¿Dónde están mis fans?”. Hay miles de posts  sobre el tema del Community Manager, algunos incluso polémicos, como aquel que publicó El País: Sí hay burbuja: se llama ‘community manager’.

Tanto se ha escrito sobre el Community Manager que hasta ahora me he resistido a escribir una entrada más que supusiese que la búsqueda en Google siguiese sumando resultados.

Sin embargo, el pasado jueves 19 de enero de 2012, acudí al Social Media Event de La Salle en Barcelona,  atraída quizás por el sugerente título “¿Quién lidera las estrategias en Social Media? ¿Dónde, cómo y quiénes son los expertos responsables del diseño de la estrategia en social media? ¿Publicitarios, relaciones públicas, profesionales del marketing?”. Los ponentes: Enric Llopart (Relaciones Públicas trabajando en Edelman Spain) y Roger Ortuño (Publicitario y fundador de comerjapones.com); moderando Dra. Gemma Vallet (Directora del Postgrado de Brand Community Management en La Salle).

Como suele suceder en los debates y en las mesas redondas, al final no se llega a una conclusión clara sobre las preguntas planteadas, y se habla de muchos otros temas, también interesantes, pero que desvían un poco el objetivo del evento.

No obstante, quiero hacer un pequeño resumen de lo que se dijo en relación al famoso tema del Community Manager.

Para Roger Ortuño lo importante no es cómo lo llamemos (Comunity Manager, Social Media Strategist, Social Media Manager, etc.), pero sí que tiene claro qué habilidades o conocimientos  debería tener este profesional, tanto trabaje para una agencia o “in house” (en la propia empresa cliente):

  • Saber de Social Media Optimization (SMO), es decir, integrar la web con Social Media.
  • Search engine optimization (SEO), para optimizar nuestra web para que sea leída por los buscadores y por tanto bien posicionada.
  • Search Engine Marketing (SEM), o Marketing en Buscadores.
  • Social Media Marketing (SMM). P.ej. Campañas de publicidad en Facebook o Twitter.
  • Nociones de analítica Web (hay que dedicar un tiempo a analizar lo que estamos haciendo, medir si se cumplen los objetivos previamente marcados).

Si además de lo anterior sabe algo de html o desarrollo web, mejor que mejor. Vamos, que hoy en día y con los tiempos que corren, un buen profesional de Social Media ha de tener cuanto más conocimientos mejor, ser un “hombre orquesta” o una “navaja suiza”. No es necesario que sea especialista en todo, pero sí tener unos conocimientos amplios en las anteriores áreas.

Así que queda claro que el que sólo redacta textos y sube fotos a Twitter o Facebook no es un Community Manager.

Y para Roger cualquier profesional de marketing o la comunicación, hoy en día ha de dominar el Social Media , aunque no se dedique a ello.

Por su parte, Enric Llopart, se metió de lleno en el tema de la pregunta en cuestión de quién debía liderar las estrategias de Social Media (¿Publicitarios, relaciones públicas, profesionales del marketing?) y reconoció que barría para casa como Relaciones Públicas que es. Enric opina que las agencias de comunicación y RRPP parten desde mejor punto de partida que otro tipo de profesionales porque están acostumbrados a la bidireccionalidad y la base de su trabajo es el buen contenido, no pagan por la presencia en los diferentes medios, sino que dicha presencia se gana precisamente  por el buen contenido.

Sin embargo, como principal punto débil de una agencia de comunicación o RRPP señaló que esta no está acostumbrada a tratar directamente con los consumidores, cosa que las agencias de publicidad y marketing sí lo están. Aunque reconoció, y siempre según su opinión personal, que la mayoría de agencias de comunicación y RRPP tradicionales no están capacitadas actualmente para hacer un buen trabajo de Social Media.

Además, en general, en las empresas propietarias de las marcas, el Social Media Manager ha recaído más en los departamentos de marketing que en los de comunicación, y éstos son más cercanos a las agencias de publicidad y marketing que no a las agencias de comunicación y RRPP.

La verdad es que últimamente todo el mundo se hace llamar o quiere ser Community Manager, y aparecen como setas cursos, masters o libros para conseguir tal propósito.

Para finalizar, como ya he dicho, no quedó una conclusión clara de qué tipo profesional era el más adecuado para ser el Community Manager o liderar las estrategias de Social Media de una marca. Supongo que cualquiera que posea los conocimientos y habilidades que señalaba Roger será digno de ello.

¿Y vosotros qué opináis? ¿Es más adecuado un publicitario, un RRPP, alguien de marketing, un periodista? ¿Hacen falta unos conocimientos previos o cualquiera incluso con una formación totalmente distinta puede reorientarse (está de moda también este término) y convertirse en un Community Manager?


Esta entrada pertenece a Marketing Esponja © 2012 Mercè Navas
La foto que acompaña el artículo es Royalty free y pertenece a hoefi

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Consumidor en primera persona

ConsumidoresLos profesionales del marketing tenemos un defecto; bueno hay quien dirá que muchos más…  Solemos hablar del consumidor en tercera persona, ya sea del singular (el consumidor) o del plural (los consumidores). En mi opinión esto es un error y debiéramos acostumbrarnos a utilizar la primera persona. Hablar en tercera persona nos aleja del consumidor, no nos incluye en dicho grupo, no formamos parte de la conversación.

Me decía @bonichon en un tuit: ” el maestro Ogilvy decía: el consumidor es tu madre y tu hermana, no intentes engañarles”. Lo dice el maestro Ogilvy, así que nada que discutir, totalmente de acuerdo, aunque yo afinaría aún más. El consumidor somos nosotros mismos. Yo soy parte de “los de Marketing”, esas fuerzas del Mal para algunos, pero antes que todo soy consumidora, me paso el día consumiendo,  desde que me levanto hasta que me acuesto, puede que incluso en sueños. Seguro que en posts anteriores se me ha escapado el consumidor en tercera persona, es un defecto profesional, pero me gustaría cambiarlo. A partir de ahora intentaré utilizar la primera persona. Es un propósito que espero cumplir para futuras entradas de este blog. Si veis que se me escapa la tercera persona ¡llamarme la atención!.

Steve Jobs y su equipo siempre decían que construían productos para ellos mismos. Ellos eran los primeros consumidores de sus propios productos. Con el Macintosh construyeron el ordenador personal que a ellos mismos les gustaría tener. Lo mismo hicieron con el iPod (opinaban que los reproductores de música que habían eran demasiado complicados y una birria), o con el iPhone, o el iPad. Y Steve Jobs controlaba y supervisaba hasta el más mínimo detalle del producto, hasta que éste le entusiasmaba, siempre bajo la perspectiva como consumidor de su propia creación.

No podemos engañarnos a nosotros mismos, bueno quizás sí podemos, pero no deberíamos… Convirtámonos en consumidores de nuestros propios productos y servicios. Y si éstos no nos acaban de gustar, cambiemos lo que haya que cambiar hasta que así sea. Hablemos como consumidores, ¡en primera persona!


Esta entrada pertenece a Marketing Esponja © 2011 Mercè Navas

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En marketing haz el amor, no la guerra

No WarDurante años en marketing y comunicación ha venido siendo habitual utilizar terminología del mundo militar o metáforas relacionadas con la guerra. La competencia es el enemigo y los clientes el preciado trofeo o botín a ganar en el campo de batalla comercial. Al público objetivo al que nos dirigimos o al que enfocamos nuestras campañas de comunicación o ventas le denominamos con el anglicismo target, y para ganarlo establecemos objetivos y diseñamos estrategias y tácticas, elaboramos un plan de ataque, hacemos estudios de campo y utilizamos todas nuestras armas comerciales y de marketing. Nos gusta hablar de amenazas y de oportunidades. Conocer nuestros puntos fuertes y las debilidades del enemigo. Muchas veces entramos en guerras comerciales con nuestra competencia y nos gusta decir que invadimos mercados. A la hoja con los argumentos de venta frente a nuestros competidores que damos a nuestros comerciales la llamamos “sales battlecard”. Desde siempre nos ha gustado bombardear con anuncios a los consumidores, presumir que conseguimos más o menos impactos y posicionarnos en la mente del consumidor. Incluso el término “Brief” del que deriva el famoso “Briefing” es un término anglosajón usado por los pilotos de guerra en 1940 y se podría traducir por “informe que se realiza antes del comienzo de una misión militar que enumera el target (objetivo), alcances, tiempo de las acciones, problemas potenciales, estrategia a usar y resultado esperado de la campaña militar”.

Y si todo lo anterior no es suficiente hacemos marketing de guerrilla. 😉

En las escuelas de negocios y de marketing recomendaban siempre leer El Arte de la Guerra de Sun Tzu. Y así no es de extrañar que exista un best seller llamado “La Guerra de la Mercadotecnia” de los autores Al Ries y Jack Trout, en el cual se dice: “Actualmente la naturaleza de la mercadotecnia no es servir al cliente, sino burlar, flanquear y poner fuera de combate al competidor. En resumen, es una guerra donde el enemigo es la competencia y el cliente el territorio que se debe ganar.” Para los autores mercadotecnia o marketing significa guerra. Aquí tienes un resumen del libro en inglés: Marketing Warfare.

Sin embargo el mundo del marketing ha sufrido muchos cambios. Los “marketinianos”, “marketeros” o  “los de marketing” deberíamos buscar una nueva terminología que refleje la nueva realidad y preocuparnos más de hacer el amor a nuestro cliente y no estar tan preocupados en hacer la guerra. No más términos bélicos. Porque si esto fuese una guerra el cliente podría acabar convirtiéndose en nuestro enemigo si no le tratamos como se merece y tiene todas las de ganar. Recordad el caso de Dave Carroll y su “United Breaks Guitars”. Porque actualmente entre marcas y consumidores las primeras tienen todas las papeletas para perder, porque el verdadero poder de nuestra época lo tiene el consumidor.

Al cliente no le hemos de ganar con nuestras armas comerciales y de marketing sino que le hemos de conquistar, hacer que se enamore de nuestra marca, para finalmente lograr el compromiso (engagement, como dicen los anglosajones). Y para conseguir esto debemos vender buenos productos o servicios, ser ante todo sinceros y saber afrontar las situaciones de crisis y reaccionar a tiempo. Hemos de conseguir crear y mantener día a día una relación a largo plazo con nuestro cliente. Y por cierto, no hacer caso del dicho de que “en el amor y la guerra todo vale”.

Y por último, recomiendo un artículo en inglés que me ha gustado mucho y me ha servido de inspiración y con el que estoy 100% de acuerdo del profesor Don E. Schultz titulado “Battle-Based Marketing Terminology:It’s Dead, Dude!”.


Esta entrada pertenece a Marketing de Esponja © 2011 Mercè Navas

Entrada seleccionada entre los “10 mejores posts del mes de mayo de 2011” por el Observatorio de la Blogosfera de Marketing

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Telemarketing ¿no gracias?

TeleoperadoraDe todas las técnicas de marketing directo una de las que resultan más intrusivas y que más rechazo provoca, reconozcámoslo, es el telemarketing, o spam telefónico como algunos lo llaman, mucho más que los e-mails, el buzoneo, los mailings, los faxes, etc.

En general, las diferentes técnicas de marketing directo son del agrado de la mayoría de empresas, y sobre todo en periodos de crisis, por su inmediatez, la consecución de resultados a corto plazo y que sea más fácilmente medible su eficacia o retorno de la inversión (el famoso ROI).

El caso concreto del telemarketing, objeto de esta entrada, tiene una imagen muy negativa en la mente del consumidor, consecuencia como casi siempre del abuso, la mala praxis, la venta agresiva en muchos casos y, por último, la saturación de mensajes. Y sobre todo aquel telemarketing dirigido al hogar del consumidor, no tanto el que se realiza en el ámbito empresarial. A nadie le gusta ser molestado en su casa a horas intempestivas, o ser despertado de la siesta, para vendernos cualquier producto o servicio. El hogar la mayoría de las veces es nuestro refugio, donde nos gusta desconectar de la dura jornada de trabajo y no ser molestados.

Ejemplos de mala praxis hay muchos: cuando descuelgas y te llama una grabación, las llamadas desde números ocultos, o una teleoperadora que recita su discurso leído de carrerilla y casi sin respirar, o cuando tras decir que no estás interesado te insisten o incluso se enfadan y te tratan de tonto por no estar interesado en su maravillosa oferta, etc.

Y a todo esto se une también la inseguridad que existe hoy en día, el que utilicen el telemarketing incluso para realizar estafas, averiguando información personal que podrá ser utilizada en nuestra contra. Así que no es de extrañar que la gente desconfíe y esté cada vez menos dispuesta a atender llamadas comerciales por teléfono, sobre todo en el hogar, y a confirmar o dar determinados datos personales o información que se nos pueda solicitar. Y que haya incluso quien se olvide de las más elementales formas de educación y trate con desprecio o se burle del teleoperador que le llama. Lo mejor es decir que no estamos interesados, o que no queremos seguir recibiendo llamadas comerciales, o que nos borren de la base de datos, con educación y respeto. No olvidemos que el que está al otro lado es sólo un profesional que intenta hacer su trabajo, mal pagado la mayoría de las veces y poco motivador. Si decimos que ahora no nos va bien, nos volverán a llamar. Si decimos que me lo tengo que pensar, nos volverán a llamar. Si decimos que no somos nosotros la persona que se ocupa de esos temas, nos preguntarán por su nombre y volverán a llamar…

¿Se encuentra el telemarketing en un callejón sin salida? ¿Continúa siendo una técnica válida para la consecución de resultados?

El buen telemarketing continuará siendo efectivo. ¿Y qué se entiende por buen telemarketing? Aquel que sobre todo cuida el aspecto humano, seleccionando adecuadamente a los teleoperadores y formándoles adecuadamente en los productos o servicios y en la cultura de empresa. Y se habría de respetar siempre la Ley de Protección de Datos, que dice que el consumidor tiene que haber dado su consentimiento a recibir comunicaciones comerciales o tener una relación contractual con la empresa, y aún en ese caso, respetar siempre su derecho a no querer volver a ser molestado y darse de baja.

Lo ideal sería que los teleoperadores fuesen gente en plantilla, comprometida con la empresa que representan, con un salario digno y motivados para realizar su trabajo. Pero esto sólo es un ideal, porque la situación actual es que la mayoría de empresas subcontratan estos servicios a las compañías llamadas Call Centers, las cuales en su mayoría están siendo deslocalizadas a otros países. Parece que muchas veces lo único que prime sea la reducción de costes y no tanto la deseada calidad del servicio. Y que todo se solucione con un guión parametrizado que le salga al teleoperador por la pantalla y que le de toda una serie de respuestas cerradas, pero que muchas veces no contesta todas las preguntas. No nos olvidemos que estamos tratando con nuestro cliente, presente o futuro, y se merece un trato personalizado, próximo y humano. Lo cual me llevaría a todos esos servicios de atención al cliente tan de moda en la mayoría de grandes empresas cada vez más deshumanizados, empezando porque te contesta una locución, el famoso marque 1, o marque 2, o diga esto o lo otro, o repita que no le hemos entendido, y cuando finalmente hemos conseguido hablar con un teleoperador este nos vuelve a hacer más preguntas, y no se alejará mucho de su guión marcado, porque generalmente es toda la información que tiene, y si no tenemos suerte y no conseguimos la solución a la consulta planteada, tendremos que llamar nuevamente e iniciar todo el proceso,  con un nuevo teleoperador, volviendo a tener que repetir nuestra consulta, como si fuese la primera vez, pudiéndonos llegar a exasperar y agotar nuestra paciencia, para quizás finalmente decidir poner fin a nuestra relación con la empresa.

Y para reflexionar os dejo el enlace al cortometraje “Diez Minutos” de Alberto Ruiz Rojo, ganador de varios premios, entre ellos un Goya, cuya temática es precisamente la de los Call Centers. Te lo recomiendo.


Esta entrada pertenece a Marketing de Esponja © 2010 Mercè Navas

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Pensar es Gratis

portada-piensaesgratis

Es un planteamiento que parece obvio ¿verdad? Pensar es gratis y al parecer saludable. ¿Entonces porque hay gente que no practica el sano arte de pensar? Pues porque como escribí en la entrada anterior pensar cansa y hay gente muy vaga, que incluso se vanagloria de que no piensa.

Sobre explotar nuestra extraordinaria capacidad humana de pensar como arma para potenciar el talento trata el libro “Piensa, es gratis” de Joaquín Lorente, de la editorial Planeta. Y nos propone 84 principios para que reflexionemos sobre ellos, para que nos sirvan de “despertador del cerebro” y aunque muchos de estos principios versan sobre el mundo empresarial, son interesantes y útiles para cualquier persona. En función de tus vivencias e intereses con unos te sentirás más identificado que con otros, que es lo que me ha pasado a mí, pero todos te hacen pensar, que es de lo que se trata.

No pretendo hacer aquí una crítica literaria al uso, porque para eso ya hay otros blogs que lo hacen muy bien (como el blog Loleemos de uno de mis compañeros del Club de lectura de Marketing, Sergio, que te recomiendo). Personalmente clasifico los libros en dos grandes grupos: los que me han gustado y los que no me han gustado. Así de simple. Y este libro me ha gustado. Y me lo pienso volver a leer con más calma, porque muchos de sus principios son para pararte un poco en ellos e interiorizarlos y sacar tus propias conclusiones, aparte de las que nos da el autor. Y además, este libro me inspiró para escribir la entrada de presentación de mi blog y darle título, así que ya sólo por eso ha valido la pena leerlo.

Sólo algunos principios que me han gustado:

“Principio 2: La suerte es el azar aprovechado.” Que va en línea con la gran frase de Winston Churchill: “La suerte es el cuidado de los detalles”. Y como dice Joaquín Lorente “para tener suerte hay que estar constantemente atento y vigilante respecto al azar”.

“Principio 14: Si no ofreces un cielo, jamás tendrás creyentes.” Que continua con el principio siguiente número 15 “Una marca se hace creando actos de fe”. Las marcas para ganarse la fe del consumidor necesitan ofrecer una promesa verosímil, despertar su deseo, satisfacer sus necesidades, prometerles un cielo terrenal. El cliente cuando compra un producto “ejerce un acto de fe”, esperando satisfacer sus expectativas con el mismo.

“Principio 19: Para convencer de algo a los demás, quien lo explica debe ser el primer convencido”. Y este principio no sólo vale para los vendedores en una empresa, sino para nosotros mismos, cuando tratamos de convencer de algo a los demás.

“Principio 22: No vendas porquería. Cuando lo haces, lo que más apesta es tu futuro”. Y este es un principio para el éxito empresarial a largo plazo. Vender un buen producto o servicio, porque al cliente no le gusta sentirse engañado. Si una empresa destruye la confianza del consumidor, traiciona su fe, lo paga. Como dice el autor “los oportunistas son pajaritos de vuelo corto”.

“Principio 29: Sólo lo concreto motiva”. La capacidad de saber concretar el mensaje que queremos transmitir, no divagar, no ser ambiguos.

“Principio 41: Las cosas no son lo que son, sino lo que la gente piensa que son”. Cada persona crea su propia realidad en función de su propia percepción, experiencias, aspectos culturales, etc. No existe una sola verdad.

“Principio 42: Por cada cosa que sabemos, ignoramos infinidades. Y cuantas más cosas nos interesan, más desconocimiento nos acompaña”. Como dice Joaquín Lorente “inteligente es aquel que cada vez que desea aprender toma una intensa conciencia de su ignorancia.”

Hay muchos más principios interesantes para reflexionar desarrollados y analizados sabiamente y de forma práctica por el autor, así que ya te leerás el libro si te han interesado.

En la página web oficial te puedes descargar los 3 primeros principios gratis en pdf. Es un libro fácil de leer y con ello no pretendo quitarle mérito. No para ser bueno un libro ha de resultar complicado de leer.


Esta entrada pertenece a Marketing de Esponja © 2009 Mercè Navas

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La mala fama del marketing

Reconozcámoslo, los profesionales del marketing tenemos mala fama y esto es debido a que el concepto de marketing en demasiadas ocasiones está muy desprestigiado.

Quién no ha escuchado o leído expresiones cómo: “eso es sólo marketing”, “es puro marketing”… Y se refieren a nosotros como “esos de marketing”, “los de marketing”…

Precisamente los errores que comenté en la anterior entrada de lo que la gente piensa qué es marketing son en parte responsables. Cuando por ejemplo se asocia el marketing a la publicidad muchas veces engañosa, aquella que hace promesas falsas o exageradas, o a la publicidad subliminal o manipuladora. Se tiende a pensar que “los de marketing” creamos necesidades falsas, aunque la auténtica filosofía del marketing es encontrar aquellas necesidades que están latentes en el mercado e intentar encontrar los mecanismos para satisfacerlas. Se nos acusa a “los de marketing” de ser culpables de incentivar el consumismo exagerado, la compra de productos superfluos y no necesarios. La verdad que este tema de la creación o no de necesidades es un apasionante y eterno debate que daría para una entrada aparte.

O el otro error, cuando se asocia el marketing a las técnicas de venta agresiva y sin importar las necesidades del cliente, utilizando herramientas de presión, como cuando se abusa del telemarketing, o los argumentos de venta engañosos, etc.

Contra estas prácticas engañosas tanto de venta como de publicidad es positivo destacar que la actual sociedad de la información permite que el consumidor cada vez tenga más medios a su alcance para estar mejor informado, con lo cual cada vez será más difícil engañarle o manipularle fácilmente.

También hay quien piensa que cuando un producto es bueno no es necesario hacerle marketing, que se vende sólo, y esto es algo equivocado. Por muy bueno que sea un producto en un mercado competitivo y global es necesario un buen plan de marketing. También al revés, hay quien piensa que cuando un producto es malo es necesario “hacerle marketing”, pero si el producto es malo, ya desde la propia concepción del producto hemos errado y cualquier otra técnica de marketing posterior no impedirá que ese producto sea un fracaso a largo plazo. Otra cosa distinta es que gracias a un “buen marketing” muchas veces productos que tal vez no eran tan buenos técnicamente como sus competidores hayan salido ganadores en la lucha por el mercado, pero no quiere decir que fueran malos, sino que cumplían las necesidades demandadas en aquel momento y supieron diseñar una estrategia de marketing mejor que la de su competidor.

Y por último, me gustaría señalar que todos hacemos marketing sin darnos cuenta. Cuando planificamos la persona que nos gustaría llegar a ser y ponemos los medios para conseguirlo, cuando vendemos una imagen de nosotros mismos en las relaciones personales o profesionales, etc. Hay quien dice que todo es marketing.


Esta entrada pertenece a Marketing de Esponja © 2009 Mercè Navas

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¿Qué no es Marketing?

Me ha parecido una buena idea, para ir centrando el tema del blog, empezar por aclarar qué es el Marketing y qué es lo que la gente a veces entiende por Marketing y no es del todo correcto.

El término inglés “Marketing” está hoy en día sumamente extendido y aceptado en nuestro lenguaje y otros términos como “mercadotecnia” o “mercadeo”, por mucho que los prefiera la RAE, no se utilizan tanto. Definiciones del concepto de Marketing hay muchas y variadas. Cuando yo estudiaba era pregunta segura de examen y tenías que definirlo con tus propias palabras. No pretendo convertir este blog en un manual de conceptos ni sentar cátedra. Cualquier interesado en encontrar definiciones de marketing encontrará muchas en los diversos libros de marketing que existen en el mercado, con la ayuda de los motores de búsqueda o sino léase esta introducción al concepto de Marketing de la Wikipedia. A mí en particular me gustan aquellas que definen el Marketing como una ciencia. Me gusta pensar que soy una “científica del marketing”.

Me interesa más centrar el tema de esta entrada en qué es lo que muchas veces la gente identifica como Marketing y no lo es.

Quizás el fallo más común es confundir el Marketing con la Publicidad. La publicidad es tan sólo una variable o herramienta del marketing, pero una de las partes nunca es el todo. Sí que es cierto, que es una parte muy visible, quizás la más conocida y atrayente, pero ni siquiera la publicidad es sólo una de las cuatro famosas Ps del marketing mix (te vuelvo a remitir a la Wikipedia si no conoces las 4 Ps). La publicidad forma parte de la cuarta P (Promotion), que se puede traducir como Promoción, aunque a mí me gusta más Comunicación. La comunicación es una parte muy importante del marketing y es por ello que muchas veces grandes empresas crean departamentos exclusivos de comunicación más o menos integrados en los departamentos de marketing. Como he dicho la publicidad forma parte de la comunicación, pero tampoco la comunicación es sólo publicidad, sino que hay otras herramientas: relaciones públicas, patrocinio, promociones de ventas, el merchandising, el marketing directo, marketing online, etc. Y todas las variables del marketing, no sólo las de comunicación sino las otras 4ps, han de estar coordinadas y son un resultado de una previa definición de objetivos y estrategias.

Lo cual me lleva a otro error que también se suele cometer y es pensar que el marketing son sólo ventas. Y sobre todo se suele confundir el marketing con aquellas técnicas de venta agresivas que buscan incitar o forzar las ventas, engañando si cabe al consumidor, lo cual desprestigia el concepto de marketing. Es indudable que el objetivo del marketing es aumentar las ventas de la empresa y con ello su rentabilidad, pero las ventas son un resultado, no todo el proceso del marketing. Enfatizar el marketing como ventas supone darle una excesiva importancia al marketing operacional o táctico y esto es un error.

Desde aquí quiero reivindicar el valor e importancia del Marketing Estratégico, sin el cual cualquier acción de marketing será una acción inconexa, sin un objetivo claro, pensando sólo en el corto plazo y de escaso valor.


Esta entrada pertenece a Marketing de Esponja © 2009 Mercè Navas

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