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La filosofía de marketing de Apple

Logo AppleCuando Mike Markkula conoció a Jobs y Wozniak en 1977 era un hombre retirado de tan sólo 33 años, que había trabajado en Fairchild y luego en Intel, enriqueciéndose con sus acciones cuando el fabricante de chips salió a Bolsa. Como dice Walter Isaacson en la biografía oficial de Steve Jobs, ” Markkula era experto en diseñar políticas de precios, redes de distribución, estrategias de marketing y sistemas de control de finanzas”.

Markkula tuvo un papel fundamental en los inicios de Apple. Fue quién desarrolló el primer plan de negocio con el Apple II, ofreció financiación de 250.000 dólares a cambio de un tercio de la empresa y predijo que Apple se convertiría en una de las 500 empresas más importantes en la lista de Fortune en 2 años. Se equivocó tan sólo en el tiempo, hicieron falta 7 años. A Jobs por aquel entonces le sorprendió la capacidad de riesgo de Markkula y pensó que le costaría recuperar su dinero.

Parece ser que a Jobs, Markkula le gustó desde el primer momento, y se convirtió para él en una especie de figura paterna y de quién aprender el mundo del marketing y las ventas. Fue también quien le enseñó que “nunca se debía crear una empresa para hacerse rico. La meta debía ser producir algo en lo que creyeras y crear una compañía duradera”.

Y fue Markkula quién en una hoja escribió los valores de la compañía y lo tituló “La filosofía de marketing de Apple”, que constaba de 3 puntos:

  1. La empatía (Empathy), una conexión íntima con los sentimientos del cliente. «Vamos a comprender sus necesidades mejor que ninguna otra compañía».
  2. La concentración (Focus). «Para realizar un buen trabajo en aquello que decidamos hacer, debemos descartar lo que resulte irrelevante».
  3. La «atribución» (Impute). Tenía que ver con cómo la gente se forma una opinión sobre una compañía o un producto basándose en las señales que estos emiten. «La gente sí que juzga un libro por su cubierta —escribió—. Puede que tengamos el mejor producto, la mayor calidad, el software más útil, etcétera; pero si le ofrecemos una presentación chapucera, la gente pensará que es una chapuza; si lo presentamos de forma creativa y profesional, le estaremos atribuyendo las cualidades deseadas».

Durante el resto de su carrera, Jobs se preocupó, a veces de forma obsesiva, por el marketing y la imagen, e incluso por los detalles del empaquetado. «Cuando abres la caja de un iPhone o de un iPad, queremos que la experiencia táctil establezca la tónica de cómo vas a percibir el producto —declaró—. Mike me enseñó aquello».

Si todavía no habéis leído la biografía de Steve Jobs de Walter Isaacson os la recomiendo. Yo he extraído este pasaje del libro, pero hay muchos más, igual de interesantes, que reflejan no sólo la historia personal y empresarial de uno de los fundadores de una las compañías tecnológicas más importantes de la actualidad, sino que en general recoge la historia de los ordenadores personales, la industria del cine de animación, la revolución tecnológica musical, la evolución de la telefonía y numerosas enseñanzas de gestión de empresa y de marketing. Un libro muy inspirador sin duda, no sólo para los amantes de la manzana.


Esta entrada pertenece a Marketing Esponja © 2012 Mercè Navas

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Soy una esponja

Mi pasión por el marketing empezó casi por casualidad al escoger la especialidad de Comercio Exterior cursando mis estudios de Ciencias Empresariales y descubrir que no era la teoría económica, ni la contabilidad, ni la fiscalidad, ni el derecho civil o mercantil, ni por supuesto las matemáticas, lo que verdaderamente me gustaba, sino esas recién descubiertas asignaturas de mercadotecnia dentro de las técnicas de comercio exterior. Así que cuando me enteré que había una licenciatura llamada “Investigación y Técnicas de Mercado” que precisamente trataba en profundidad todo el apasionante mundo del marketing no me lo pensé.

Entre los muchos consejos que nos dieron, recuerdo especialmente uno que decía que un buen profesional del marketing tenía que ser como una esponja: absorber lo máximo posible de todos los departamentos de la empresa y de las personas que allí trabajan, absorber del entorno, absorber en la vida personal, para luego estrujar nuestros cerebros y que salieran las ideas brillantes. Y me acordé de ello precisamente el otro día leyendo el libro “Piensa es gratis” de Joaquín Lorente, que en uno de sus principios en referencia a la creatividad dice: “el cerebro es una esponja que sólo escupe líquido cuando previamente lo ha absorbido; mientras este proceso no existe, el cerebro es una esponja seca”. Y añade: “El cerebro-esponja se carga de creatividad gracias a la observación y a la inquietud apasionada, que son los dos grandes absorbentes ingenuos y espontáneos, y también con el estudio y el análisis, que son dos premeditados fijadores de neuronas”. Según mi opinión un buen profesional del marketing ha de ser una persona creativa y según esta teoría debería convertirse en una esponja mojada que desprenda mucho líquido. Eso es lo que yo siempre he intentado y es la filosofía que voy a intentar seguir en este recién inaugurado blog, al que por todo lo expuesto he decidido titular: Marketing de Esponja.


Esta entrada pertenece a Marketing de Esponja © 2009 Mercè Navas

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